(Versión original y la versión del Acercamiento Centrado en la Persona)
Ser quienes realmente somos... un desafío diario...
Cantando la Cigarra pasó el verano entero, sin hacer provisiones allá para el invierno; los fríos la obligaron
a guardar el silencio y a acogerse al abrigo su estrecho aposento.
Viose desproveída del preciso sustento: sin mosca, sin gusano, sin trigo y sin centeno.
Habitaba la Hormiga allí tabique en medio, y con mil expresiones de atención y respeto le dijo: "Doña Hormiga, pues que en vuestro granero sobran las provisiones para vuestro alimento, prestad alguna cosa
con que viva este invierno esta triste Cigarra, que, alegre en otro tiempo, nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme, que fielmente prometo pagaros con ganancias, por el nombre que tengo"
La codiciosa Hormiga respondió con denuedo, ocultando a la espalda las llaves del granero:
"¡Yo prestar lo que gano con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana, ¿qué has hecho en el buen tiempo?" "Yo, dijo la Cigarra, a todo pasajero
cantaba alegremente, sin cesar ni un momento"
"¡Hola! ¿Con que cantabas cuando yo andaba al remo? Pues ahora, que yo como, tu baila, pese a tu cuerpo"
Quiero continuarla o cambiar el final, lo cierto es que la cigarra habiendo aprendido el valor del trabajo y del acopio, dejó su guitarra, abandonó sus prácticas danzarinas y se dedicó a ser una trabajadora más en el hormiguero.
Promediando el verano y en función de ciertas inquietudes que reinaban en la aldea, las hormigas recurrieron a los servicios de la muy afamada consultora Formiconsulting y asociados. Los cuales confirmaron gracias a la comparación con las estadísticas de años anteriores que efectivamente había mermado fuertemente la producción de alimentos para el invierno.
Luego de un concienzudo análisis en el cual no faltaron grupos motivacionales y otros recursos diagnósticos llegaron a la conclusión que semejante merma se debía a que las hormigas estaban aburridas y desmotivadas por la falta de la música y la danza de la cigarra que tanto les alegraba el trabajo.
MORALEJA: todos los seres vivos tenemos una razón para vivir, y pretender que todos debemos comportarnos de acuerdo a las leyes preestablecidas que no contemplan las singularidades es abusivo. Y condena no solo a quien castigamos por ser diferentes como a la cigarra sino a toda la comunidad de la que somos parte como las hormigas.
